Benita Asas (1931) "...las mujeres de España hemos llegado a la mayoría de edad psicológica. Somos conscientes. Repudiamos las intromisiones en nuestras conciencias. No vivimos de pensamientos prestados. Nos poseemos a nosotras mismas".

Memorando Comisión Constitucional de las Cortes, en apoyo del sufragio de las Mujeres.

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25 DE NOVIEMBRE

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AUTOR: JAVIER MARTÍN "INVEX"
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jueves, 26 de diciembre de 2013

LA NUEVA LEY DEL ABORTO Y LA CREACIÓN LITERARIA

La invasión de los bárbaros y su máscara de la piedad

24/12/201
Aborto-reaccioninternacional
Medios como 'The Times', 'Le Monde' o 'La Repubblica' han criticado la reforma de la ley del aborto del gobierno de Mariano Rajoy en España. / Cristóbal Manuel
La escritora Marta Sanz reflexiona sobre la nueva ley del aborto en España a partir de su última novela, Daniela Astor y la caja negra, donde a través de los temas del aborto y el destape crea un retrato de la Transición española. Una mirada a una problemática y a la situación de la mujer desde la creación literaria y la cultura.
por MARTA SANZ
Siempre que escribo un libro lo hago porque creo que tengo algo que decir. En la escuela me enseñaron que, si no se tiene nada que decir, es mejor cerrar la boca: no utilizar la escritura como alarde del dibujante que emborrona un papel con garabatos mientras tiene la cabeza en otro sitio. Con los años me he dado cuenta de que jugueteando a veces también se aprenden cosas y de que la desmitificación de la literatura es un modo de darle valor convirtiéndola incluso en arma arrojadiza contra los biempensantes del mundo. Los juegos a los que he jugado y las cosas que he tenido que decir surgen de mi circunstancia biológica e histórica: soy mujer; pertenezco a una cada vez más maltrecha clase media que, a su vez, se desclasó sin olvidar su origen proletario; mi pre-adolescencia coincidió con el tránsito de este país de la dictadura a la democracia, es decir, la transformación íntima coincidió con la pública. Mis libros abordan la relación entre historia e Historia, a través de una mirada que aspira a quebrar la frase hecha, la música de ascensor, la ideología invisible… Frase hecha, ideología invisible, mainstream, conceptos cuyo significado adquiere relevancia en la sociedad autosatisfecha, aspirante a las delicias de la socialdemocracia, de la que ingenuamente nos habíamos creído que disfrutaríamos para siempre. Los libros mostraban el polvo escondido bajo la alfombra en ese mejor de los mundos posibles en el que aún quedaban ranuras, imperfecciones, injusticias, mierda. En las democracias avanzadas, la literatura de tesis y la literatura con afán de intervención en lo público se desacreditan y desactivan: a la literatura se le reserva un lugar metafísico, de ensueño, un lugar de preguntas, pero se le veta la posibilidad de arriesgar una respuesta. La toma de posición taxativa -¿el grito?- atenta contra la naturaleza profunda, la qualité, sugerencia y ambigüedad que caracterizan la “buena” literatura…

Marta-sanz-danielaastorRota la fantasía de la socialdemocracia, lo que tenemos que decir se hace evidente y casi se impone la necesidad de una literatura política tanto en la selección del asunto como en el modo de construir ese asunto a través de nuestras propias palabras. Ese riesgo que uno está dispuesto a asumir frente al mercado como discurso dominante es el origen de Daniela Astor y la caja negra. También la percepción íntima y la convicción pública de que la crisis funciona como excusa para recortar derechos y de que ese recorte de derechos iba a afectar de manera especial a las mujeres: por razones de injusticia histórica sostenida, somos más vulnerables a la precariedad y a la violencia sistémica. Daniela Astor y la caja negra es una novela de la crisis que la aborda desde una doble estructura profunda: la de su conexión con la Transición y la del papel y la imagen de las mujeres desde entonces hasta hoy.
La desmitificación de la Transición acaba derivando en una mitificación de la misma desde el ángulo de la intrahistoria y no del relato oficial de la Historia: la Transición no se presenta como el producto del buen hacer de una docena de iconos políticos, sino como el resultado de una largo proceso en el que muchos anónimos, desde posiciones de clandestinidad o luchas cotidianas por la subsistencia y la dignidad, hicieron posible la llegada a un modelo distinto.En Daniela Astor y la caja negra esa masa indefinida la integran mujeres que en los setenta intentaban liberarse del tutelaje masculino, del hecho de que los hombres fueran los dueños de las palabras y de las autorizaciones para tener una cuenta de ahorro; mujeres que intentaban acotar una mirada y una voz partiendo de un lenguaje y una iconografía ajenas que ya formaban parte de sus aspiraciones y de la concepción de su propio cuerpo; mujeres que trabajaban en casa y fuera de ella, querían aprender, ser mejores, piezas del engranaje social con capacidad para intervenir en el espacio público; mujeres con sentido crítico y autocrítico… Sonia e Inés, las madres de las protagonistas de esta novela, son un ejemplo de estas mujeres: Sonia es una trabajadora de clase media, de extracción rural, madre de una hija dolorosamente lista, que quiere aprender y liberarse estudiando una carrera; Inés tiene estudios superiores e imposta una clase social inferior a la suya por convicciones políticas: es la socióloga que da clases en la universidad y pone lavadoras. Entre ambas se establece una corriente de empatía en una situación dramática. Se subraya la solidaridad entre mujeres. Otros personajes encarnan el machismo basal con que nos comportamos muchas de nosotras en momentos decisivos de la vida.
A la hora de trabajar el papel y la imagen de las mujeres me tropecé con temas fundamentales en Daniela Astor y la caja negra: la relación entre la realidad y sus representaciones se escenifica en los juegos secretos de dos preadolescentes, Catalina y Angélica, que se travisten en actrices del destape, musas de la Transición, que simbolizan la liberación sexual tras cuarenta años de moral nacional-católica y, a la vez, aceleran el proceso de  cosificación mercantil del cuerpo femenino reducido a fetiche y finalmente a juguete roto: en nuestros días llega a su apogeo esta épica amarilla del sensacionalismo.En la novela se reflexiona sobre el significado del cuerpo y la maternidad, la dimensión biológica e histórica de la identidad femenina como interesada construcción cultural que ha servido para situarnos en desventaja frente a los hombres. Me escandalizo un poco cuando escucho aquello de que “ser madre es el deseo de cualquier mujer”, cuando se asume que la maternidad es el rasgo que define una supuesta condición femenina. A ningún hombre se le cuestiona su masculinidad, si expresa su deseo de morir sin descendencia.  
El desnudo y el aborto se convierten en puntos de inflexión de una novela que se me va imponiendo como acto de rebelión y pedrada contra los cristales, pese al desprestigio de la poesía como arma cargada de futuro que marca un canon empeñado en fundir lo light con lo espectacular: una amalgama que reduce a los escritores a una condición bufonesca que justifica su creciente desprestigio, falta de relevancia e inanidad en el espacio público. Mientras escribo Daniela me doy ánimos. Pienso que hago lo que debo porque volver la vista atrás no es ejercicio de nostalgia, sino estrategia de aprendizaje, una manera de ponerle nombre a las cosas: estamos volviendo a la represión nacionalcatólica y nacionalfascista. Nos bordarán la A de adultera en la pechera y disolverán las manifestaciones con camiones de agua. Nos pondrán multas inasumibles por defender nuestros derechos. Por insultar cuando a nosotros se nos insulta a diario: con el recibo de la luz, con el repago de la seguridad social, con la nueva ley de educación, con las privatizaciones, con la tasa de paro y el trato al parado como a un delincuente… Metamorfosean monstruosamente los derechos en delitos: el derecho al aborto, el derecho a protestar cuando hay más razones que nunca, el derecho a una vivienda digna, a trabajar y a comer. Frente a la marca España, la condena de un país al sector servicios, el buenrollismo emprendedor y  la publicitación de la crisis como oportunidad, frente a los comentarios de trolls furibundos que afirman que los defensores del aborto confundimos a los niños con tumores o apéndices; frente a todo eso se necesitan muchos discursos que contradigan la palabra –te alabamos, Señor- de la reacción: gritos en la calle, artículos en los periódicos, novelas. Sí, novelas, muchas novelas. Como las últimas de Isaac Rosa y de Rafael Chirbes. Como Cuando Lázaro anduvo de Royuela o como aquella de Reig donde se hablaba de la Inmaculada Transición…  
El derecho al aborto, el trauma del aborto en el seno de una familia de clase media en 1978, es el motor de la intriga en Daniela Astor y la caja negra. Palabras como “trauma” llegan a constituirse en sentimiento íntimo porque, al fin y al cabo, sentimiento y experiencia se construyen a partir de las imágenes que nos rodean, los códigos que nos imponen el sentido del bien y del mal, los lenguajes e iconografías imperantes: el horror y el trauma proceden de la truculencia de las narraciones sobre el aborto, de la creencia de que hay abortos buenos y abortos malos –lo explica con sentido del humor Caitlin Moran-, de la confusión entre biología y teología, de las acepciones corrompidas de las palabras niño, vida y dignidad… En Daniela Astor y la caja negra reviso los relatos e imágenes del aborto en las narraciones e incluso las que están firmadas por los artistas mejor intencionados –Martín-Santos, García Hortelano, Bodegas…- resultan atroces. Sanguinarias. Solo Alexander Kluge en Trabajo ocasional de una esclava, rodando un aborto real, se aproxima hacia la interrupción voluntaria del embarazo con una mirada entre aséptica y humorística, rompedora en su apuesta ética y estética.
La madre de Catalina aborta en España en 1978 y es condenada a seis meses de prisión. Sus motivos para abortar no tienen que ver con su precariedad económica, su desamor, su inestabilidad psíquica, la malformación del feto, el riesgo para su salud. La madre de Catalina no ha sido violada. La madre de Catalina no desea tener otro hijo en un momento en el que, para ella, es prioritario hacer otras cosas. La madre de Cati no es una mujer egoísta ni desnaturalizada, sino una mujer que analiza, reflexiona y decide contradiciendo un estereotipo de feminidad intuitiva, sentimental y mágica. Era importante abordar la cuestión desde un contexto desdramatizado que nos enfrentase con el problema moral, sobre todo, con el problema ideológico del aborto en sociedades con una legislación patriarcal. Insisto: no hay abortos buenos y malos; lo que existe es el derecho a decidir si ser madre o no serlo sin que la sociedad te juzgue. El trauma de Sonia no proviene de la sala donde le practican el aborto, sino de la sala donde la condenan separándola de su hija y estigmatizándola socialmente.
El PP, con su ley del aborto, cambia el significado de la palabra víctima. Nos condena a serlo en un país donde la derecha nos manipula con una cínica paradoja: la de esgrimir paladinescamente la defensa del derecho a la maternidad digna de las mujeres mientras se elimina la ley de dependencia y se ejecuta una reforma laboral salvaje. La reforma de la ley del aborto con su mezcolanza de plazos y supuestos profundiza en la brecha de desigualdad entre mujeres pobres y ricas, y toma en vano el nombre de los desfavorecidos del mundo. También de esos discapacitados a los que presuntamente se pretende proteger mientras se fomenta y acentúa el dolor, sostenido en el tiempo, de madres que ven morir a sus criaturas enchufadas a máquinas. La reforma de la ley del aborto cierra la puerta a conquistas que sí tienen que ver con la dignidad humana: la eutanasia o el derecho a una muerte digna. Se extrema la violencia de un sistema económico aberrante, adornado con esos ropajes fascistas que acompañan a las crisis y que en este país aún son pentimento de la historia reciente: a la mínima vuelve a brotar la España negra en la tela del cuadro. Cuántas Sonia Griñán va a haber en el siglo XXI. Cuáles serán las penas y castigos para las mujeres que aborten o para los profesionales que practiquen abortos fuera de la ley. Mientras escribía Daniela Astor  y revisaba el código penal franquista, se me ponían los pelos de punta. También se ponían los pelos de punta al percibir que estamos instalados en un campo cultural donde nos acompleja y desacredita hablar en los libros de las cosas que suceden. Pero pensaba que el libro que estaba escribiendo era necesario. Porque los bárbaros nos están invadiendo bajo la patética máscara de su bondad.

martes, 3 de diciembre de 2013

Los museos las prefieren monas


Explotadas como tema artístico, las mujeres siguen arrinconadas como creadoras en colecciones, exposiciones y compras de los centros de arte contemporáneo

TEREIXA CONSTENLA Madrid 1 DIC 2013

Póster de Guerrilla Girls para denunciar la exclusión de las artistas en las secciones de arte moderno del Metropolitan Museum de Nueva York.

Monas. Madonas. Sumisas. Recatadas. O desnudas. Provocativas. Fatales. El imaginario femenino en los museos oscila entre ambos extremos. En el arco entre estos estereotipos hay cabida para muchos otros. La mujer, como objeto artístico, abarrota las colecciones de los museos que, sin embargo, la ningunean como autora. En los años ochenta, un grupo de artistas de Nueva York sacó la marginación a la luz con humor, imaginación y rigor. Enfadadas con la genética discriminatoria del sistema, una decena de creadoras pasó a la acción y a la clandestinidad bajo el nombre de Guerrilla Girls. Se parapetaron tras máscaras de gorila e identidades de artistas fallecidas y se armaron de estadísticas. Unos sencillos cálculos bastaron para demostrar las obstrucciones: en el arte no había lugar apenas para mujeres (ni negros).
Borja-Villel: “Tiene que haber igualdad de oportunidades, no de resultados”
Para denunciarlo, entre otras acciones, pasearon autobuses con un gigantesco póster amarillo que enrojeció a los responsables del Metropolitan. ¿Tienen que desnudarse las mujeres para acceder al Met?, se interpelaba la odalisca de Ingres junto a dos cifras: las mujeres eran las protagonistas del 85% de los desnudos y las autoras del 5% de las obras.
Marí: “Más relevante que el sexo es que las obras hablen de valores diferentes”
“Si el arte no tiene sexo, sin embargo, el sistema del arte sí ha estado —y sigue estando— marcado estructuralmente por un sexismo que ha discriminado —en general, sigue discriminando— el talento de las mujeres que trabajan en arte, entorpeciendo su contribución a la excelencia artística y excluyendo del criterio de ‘calidad’ parámetros considerados tradicionalmente femeninos”, reflexionó Rocío de la Villa, profesora de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad Autónoma de Madrid, en el catálogo de la exposición Heroínas, con la que el Museo Thyssen-Bornemisza rendía tributo a mujeres fuertes, activas, independientes y triunfadoras en la historia del arte.
Los datos no lo son todo, pero están para algo. Delimitan la realidad. Dan las coordenadas neutras de fenómenos y tendencias. “Lo que se mide, se hace”, proclama la asociación Mujeres en las Artes Visuales (MAV), que aúna desde 2009 a creadoras, galeristas, investigadoras, profesoras, conservadoras y críticas hartas de tropezar por doquier contra el muro de la discriminación. Al igual que las Guerrilla Girls, atacan con estadísticas (ahí va un ejemplo: las mujeres solo protagonizaron el 20,5% —baja al 10% si se contabilizan españolas— de las 973 exposiciones individuales organizadas durante una década por 22 centros de arte en España) y, a veces, con acciones. “El techo de cristal y el suelo pegajoso siguen ahí. Las reticencias siguen siendo las mismas”, sostiene la presidenta de MAV y profesora titular de Educación Visual de la Universidad Complutense, Marián López Fernández-Cao. Sus radiografías desvelan un mundillo refractario a las propuestas artísticas firmadas por mujeres. Miren donde miren (se recomienda un paseo por la infografía de la siguiente página). Apunten: ninguna española ha ganado el Velázquez de Artes Plásticas (ni sus 125.000 euros) desde que se creó en 2002 (solo una mujer, la escultora colombiana Doris Salcedo, lo recibió en 2010), el promedio de creadoras en Arco es del 25% (baja a menos del 10% si se cuentan a las españolas) y en las colecciones permanentes de los museos de arte contemporáneo figuran un 13% de artistas españolas.
13 españolas entre 100 artistas
T. C.
En el arte también se reproduce la estructura piramidal de otros sectores: las mujeres predominan en la base (son mayoría en las carreras artísticas) y van decayendo conforme se asciende hacia puestos de responsabilidad o reconocimiento profesional. En 2012, en las colecciones de museos, había solo un 13% de artistas españolas. Tampoco las exposiciones temporales individuales muestran cifras más paritarias: las mujeres no alcanzaban ni el 10% de la programación de 22 centros de arte durante una década
La presencia de mujeres en las colecciones de los siete centros de arte consultados por este periódico no llega al 30% en ningún caso. El Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC), que cumple 20 años este mes, tiene el mayor porcentaje: 117 mujeres (29%) y 285 hombres como autores de una colección de 1.253 obras. Le sigue el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac), con 23,9% de mujeres en una colección de 1.687 piezas.
En el Guggenheim Bilbao, son un 17,8% las autoras representadas en la colección (128 obras). Aunque el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) aplica desde 2010 una política de compras y programación de estricta paridad, su colección permanente es aún muy desigual: un 13,9% de creadoras de 537. Un porcentaje similar al del IVAM, que cuenta con un 13,8% de mujeres en su colección (11.280 obras). Solo el 9,5% de las 5.314 obras del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) han sido hechas por mujeres. Un porcentaje aún menor se registra en el Reina Sofía, según un informe de 2011 de MAV: un 4% de obras y un 6% de artistas españolas en su colección.
Se compra, se expone y se programa menos obra de mujeres. Además de resultarles desolador, las afectadas creen que atenta contra el artículo 26 de la Ley de Igualdad, que pide a los organismos públicos “acciones positivas necesarias para corregir las situaciones de desigualdad en la producción y creación intelectual artística y cultural de las mujeres”.
Para recordarlo, MAV escribió en 2012 a los museos públicos mensajes semejantes: “Su institución está fuera de la ley” y trasladó 14 quejas a la Defensora del Pueblo sobre incumplimientos. “Si lo vemos incluso desde un punto de vista económico, el Estado está malgastando el dinero porque son las mujeres las que predominan en las carreras de Bellas Artes y luego muchas acaban desistiendo por la falta de oportunidades”, recrimina Marián López. Las mujeres son el 65% de titulados en Bellas Artes y el 74% en Historia del Arte.
Casi ningún gestor cultural escurre el bulto. Casi todos reconocen que las mujeres están infrarrepresentadas. También casi todos, excepto el director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo, Juan Antonio Álvarez Reyes, suavizan la trascendencia de los datos y ponen el acento en las narrativas feministas presentes o futuras de sus centros. “Como hemos empezado tarde, las colecciones de arte contemporáneo en España tienen poco desarrollo y son todavía muy masculinas. Pero más relevante que el sexo del autor es que las obras puedan hablar de valores diferentes a los masculinos”, sostiene Bartomeu Marí, director del MACBA. Para 2014 se reordenará la colección. El universo dejará de ser androcéntrico: “Pretendemos descolonizar el museo, romper con esa visión de hombre, blanco y heterosexual”.
En cierto sentido es el camino recorrido ya por el Reina Sofía, mascarón de proa de la contemporaneidad artística, que rediseñó su colección e incorporó el feminismo tanto a su narrativa como a las actividades formativas y de investigación. Se ha roto con la organización convencional de la presentación de obras de genios (masculinos) y se ha buscado una narración histórica y cultural para contextualizar las obras. Desde 2008 sus adquisiciones han sido paritarias (46% mujeres y 54% hombres), pero las cifras de su colección permanente arrastran un notable desequilibrio. “Por supuesto que faltan”, concede su director, Manuel Borja-Villel, “se han ido haciendo cosas, pero falta mucho. Aunque las cifras no lo son todo. En los museos, que responden a estructuras de poder que tradicionalmente son patriarcales, nos enfocamos mucho hacia las cuotas, pero no deberíamos caer en políticas autoritarias. Tiene que haber igualdad de oportunidades, pero no de resultados”.
Tanto Borja-Villel como Marí refuerzan la importancia del discurso alternativo, que apoyan sobre el feminismo de la diferencia —en contraposición con la paridad y el feminismo de la igualdad—. En su línea se pronuncia Miguel von Hafe, director del Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC): “Es evidente que la presencia de mujeres ha sido minorada a lo largo siglo XX, también por razones sociales. Pero la cuestión del género no es estrictamente artística. Si hay un artista que trabaja cuestiones nacionales o feministas es interesante por su trabajo, pero no se debería valorarle por su nacionalidad o ser mujer. A veces se confunde el arte practicado por mujeres con el arte feminista. Cinco mujeres haciendo flores no hacen arte feminista”.
La asociación MAV ha llevado 14 quejas a la Defensora por discriminación

Ninguno de los tres defienden la correlación pareja entre mujeres y hombres en sus colecciones. “Es que los números cantan, y es necesario mirarlos”, contrapone Juan Antonio Álvarez Reyes, director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), único museo que trabaja con criterios de estricta paridad en programación y compras desde 2010. “Incluso así tendríamos que estar 20 años comprando obra de mujeres para compensar el desequilibrio. No se puede cambiar el pasado, pero sí el presente y el futuro. Los directores y programadores tenemos una responsabilidad y tenemos que ejercerla”, señala.
El CAAC es el único que aplica criterios paritarios desde 2010 a sus iniciativas
Estrella de Diego, catedrática de Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid y crítica de arte, avisaba en un artículo publicado en la revista Exitbook sobre la pirueta española: “Tal vez hemos pasado directamente a la posmodernidad sin haber hecho la modernidad”. Ella fue la autora de la primera investigación académica sobre artistas (La mujer y la pintura en el XIX español. Cuatrocientas olvidadas y algunas más, publicado en 1987 por Cátedra) y sigue observando grandes lagunas: “Hay algo disfuncional en el Estado español. Frente a lo que ha pasado en otros países de nuestro ámbito, esa primera y elemental fase de reconstruir la historia, recuperar a las artistas y las imágenes locales, no se ha llevado nunca a cabo de manera sistemática”.
Las mujeres siempre han hecho arte. Con o sin trabas. Las historiadoras feministas se han encargado de rescatar a las olvidadas. Algunas han llegado a los museos siglos después de su muerte. “¿Por qué es un problema moderno de tal magnitud el sexismo en la historiografía del arte?”, se pregunta a menudo Griselda Pollock, directora del Centro de Análisis, Teoría e Historia Cultural de la Universidad de Leeds, crítica de arte e historiadora. El mundo que retratan los museos no es insustancial, en opinión de Marián López: “El museo tiene una huella civilizatoria y educativa que no puede eludir. Cuando mis hijos entran se dan cuenta de que los hombres son absolutamente necesarios y las niñas son contingentes”.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Iván Sambade: «La Teoría de Género se tiene que integrar en Primaria y Secundaria»

Iván Sambade dp

J.L.R. - sábado, 23 de noviembre de 2013
'Democracia y subjetividad masculina. Una reflexión desde la Filosofía política' es el título de la tesis doctoral que ha merecido la calificación de Sobresaliente Cum Laude.
Colaborar con Alicia Puleo durante su carrera y conocer la Teoría de Género a través de ella fue, sin duda, una primera y gran motivación de este filósofo para realizar la tesis doctoral sobre la subjetividad de los hombres. Los estudios sobre la masculinidad hegemónica y las nuevas masculinidades se convirtieron en su principal foco de interés. Cuando comenzó a leer estudios pudo observar que, como señala Anthony Clare, los hombres somos los principales protagonistas de la conducta antisocial en todo el mundo y que las víctimas de las culturas masculinas de dominación son fundamentalmente las mujeres y los y las menores.
¿Es éste el planteamiento inicial de su tesis?
Sí, parto de un hecho sociológico contrastado y planteo la siguiente hipótesis: ¿Cómo es posible que los hombres que viven en las modernas democracias occidentales sigan desarrollando resistencias contra el avance hacia la igualdad efectiva, coartando así el desarrollo de unos principios que supuestamente han constituido los pilares de su educación? ¿Por qué algunos hombres -no todos, pero sí demasiados- ejercen una cruel dominación de las mujeres, atentando contra sus derechos humanos?
Para formular mi diagnóstico me apoyo en ciencias duras como la Neuroendocrinología, pero también en ciencias sociales como la Antropología y la Sociología. De la Neuroendocrinología tomo estudios muy interesantes que demuestran que los factores biológicos no son determinantes en relación con la conducta violenta de los hombres. Es decir, que no somos violentos por naturaleza, sino por educación. ¿Cómo se construye la masculinidad en nuestras modernas democracias occidentales? La Antropología y la Sociología nos muestran que en nuestras sociedades sigue sin existir igualdad social entre hombres y mujeres. Hemos logrado la igualdad ante la ley, pero sigue existiendo una desigualdad en los recursos de poder que se acrecienta cuanto más elevado es el estatus social de las personas, hasta el punto de que las élites sociales son casi exclusivamente masculinas. Es lo que la socióloga Ana de Miguel ha definido como apariencia de igualdad o lo que Alicia Puleo, mi directora de tesis, define desde la Filosofía como patriarcados de consentimiento. En consecuencia, mi diagnóstico sobre la socialización masculina es que somos educados en una contradicción de valores.
¿Puede explicar cómo se reproduce esa cultura masculina del dominio?
Esto atañe a la idea central de mi tesis que denomino la pragmática del control, una idea propiamente filosófica. Sostengo que los hombres hemos sido históricamente educados para ser sujetos agentes en la esfera social pública y, aquí, la norma cultural es el autocontrol de nuestras emociones. Este autocontrol nos dispondría hacia el control de otras personas, especialmente de las mujeres en la medida en que nuestra cultura las sigue representando como más afectivas y dependientes. Por otro lado, parece que existen ámbitos donde el control deja de ser una norma social para los hombres, como el espacio privado o la propia sexualidad. De hecho, el mito del campeón sexual sigue teniendo plena actualidad. Así, parece que uno es más hombre cuanto más apetito sexual tiene.
En la tesis explico cómo y en qué prácticas se reproduce esta norma en la actualidad de nuestras sociedades. Por supuesto, no todos los varones desarrollan por igual ni en la misma medida esta norma cultural. De hecho, tenemos también la influencia de los principios democráticos que conforman una idea clara de lo que es justo y de lo que no lo es. Pero todos interiorizamos la cultura masculina del dominio en cierta medida. Si no fuera así, no seguirían existiendo tantas resistencias hacia la igualdad, o el feminismo no estaría tan mal visto socialmente.
Su objetivo, entonces, es dar una explicación cultural sobre las causas del ejercicio de la violencia por parte de los hombres hacia las mujeres
Ese era mi objetivo inicial, sólo que para cumplirlo mínimamente tuve que desarrollar una amplia investigación sobre la subjetividad masculina en general y sobre sus características en nuestras sociedades occidentales en particular. Ahora bien, este estudio también me ha permitido fundamentar ciertas propuestas de cambio hacia modelos igualitarios de masculinidad.
¿Cree que su estudio viene a cubrir algún vacío?
Creo que contribuyo con una explicación integradora y consistente acerca de muchos aspectos que no estaban lo suficientemente explicados en su interrelación. El modelo de cambio que propongo, una masculinidad co-responsable y cuidadora, ya ha sido propuesto dentro de los grupos de Hombres por la Igualdad, pero en mi tesis lo fundamento desde las mismas bases teóricas desde las que enjuicio la masculinidad hegemónica: los principios democráticos que sustentan el orden cívico de nuestras sociedades. Además, estas bases teóricas han sido desarrolladas desde la Teoría Feminista y por pensadoras feministas y creo que es una cuestión de justicia que se vean reconocidas en esto.
¿Se puede decir que es  feminista? ¿No podría esto generar rechazo en otros hombres?
Si el pensamiento feminista genera rechazo en los hombres o la sociedad en general es fundamentalmente por dos motivos: porque se desconoce su sentido y sus reivindicaciones, o porque existen resistencias frente a la consecución efectiva de la igualdad entre los sexos. O, bien, por ambos motivos.
El feminismo lo entiende entonces como una teoría científica no como un movimiento social
Es ambas cosas, un marco interdisciplinar de estudios científicos y también un movimiento social. De hecho, ambas facciones se comunican, entretejen e interrelacionan, aún en su pluralidad y diversidad constitutivas.
¿Cuáles son el presente y el futuro de la Asociación Codo a Codo, de la que es cofundador?
Después de tres años frenéticos de trabajo en los que participamos en múltiples jornadas de sensibilización y en congresos, organizamos exposiciones fotográficas, concursos escolares, una jornada para el Consejo de la Juventud, hemos bajado un poco el  listón. Pero no estamos parados, nos hemos integrado en la Plataforma por los Derechos de las Mujeres y seguimos colaborando y participando en las acciones sociales que desde ésta se realizan. Cuando el tiempo nos lo permita a todos, volveremos a realizar acciones específicas para hombres, y es que éstas  son importantes porque la sensibilización hacia los problemas de la segregación sexual puede ser más efectiva si media la empatía entre hombres.
De cara al Día Internacional contra la Violencia de Género, ¿puede aportar alguna reflexión?
La única reflexión posible es que tenemos que seguir alerta, informándonos e informando, luchando por que la Teoría de Género se integre también en la Educación Primaria y Secundaria, apoyando a las mujeres en su lucha por la igualdad y reivindicando que esto es simplemente una cuestión de justicia, y que sin la participación activa de los hombres no se puede conseguir.  

domingo, 3 de noviembre de 2013

NO A LA PROSTITUCIÓN

Sexo sin mercado: La prostitución desde el punto de vista de la educación

En los países del sur, pues, las mujeres son carne de cañón para las organizaciones dedicadas al tráfico de personas (segunda causa de la prostitución), uno de los mayores negocios del mundo que, junto con el de las drogas y el de las armas, generan beneficios astronómicos. Se calcula que anualmente son traficados entre 800.000 y 1,2 millones de seres humanos, de los que el 80 por ciento son mujeres cuyo destino son las carreteras, calles, pisos y puticlubs de los países desarrollados, donde ejercerán de esclavas sexuales de varones occidentales, ya sean ejecutivos agresivos, trabajadores quejosos de ser oprimidos por la patronal, “respetables” padres de familia, niñatos que celebran su fin de curso, curas o solteros a quienes les parece menos complicado eso que establecer una relación con una mujer de igual a igual porque, en este caso, están obligados a satisfacerla sexualmente…
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La trata de personas, pues, es consecuencia de la demanda de prostitución de los países ricos; los prostituidores o puteros -que no clientes- son la tercera causa de esta lacra. Se calcula que en España entre un 27 y un 39 por ciento de varones ha recurrido al menos una vez en su vida a la prostitución. Es decir que por lo menos uno de cada cuatro españoles ha sido alguna vez cómplice de este opresivo sistema.
La prostitución no es el “oficio” más antiguo del mundo, es la explotación, la esclavitud y la violencia de género más antigua que los hombres hemos inventado para someter y mantener a las mujeres a su disposición sexual.
Si convertimos esta violencia en una profesión como otra cualquiera para las mujeres. ¿Cómo podremos educar para la igualdad en una sociedad donde las chicas sabrán que su futuro puede ser prostitutas, viendo a otras exhibirse en escaparates al estilo del barrio rojo de Holanda, y los chicos sabrán que puede usarlas para su disfrute sexual si tienen el suficiente dinero para pagar por ello?
La prostitución es una forma brutal de violencia de género
La prostitución es una forma de explotación que debe ser abolida y no una profesión que hay que reglamentar porque es violencia de género: «lo que las mujeres prostituidas tienen que soportar equivale a lo que en otros contextos correspondería a la definición aceptada de acoso y abuso sexual. ¿El hecho de que se pague una cantidad de dinero puede transformar ese abuso en un «empleo»?, al que se le quiere dar el nombre de “trabajo sexual comercial”.
Regular la prostitución legitima implícitamente las relaciones patriarcales: equivale a aceptar un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, establecer y organizar un sistema de subordinación y dominación de las mujeres, anulando la labor de varios decenios para mejorar la lucha por la igualdad de las mujeres.
Al legitimarla se convierte en un soporte del control patriarcal y de la sujeción sexual de las mujeres, con un efecto negativo no solamente sobre las mujeres y las niñas que están en la prostitución, sino sobre el conjunto de las mujeres como grupo, ya que la prostitución confirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres, cuya función sería la de estar al servicio sexual de los hombres.
Si reglamentamos la prostitución, integrándola en la economía de mercado, estamos diciendo que esto es una alternativa aceptable para las mujeres y, por tanto, si es aceptable, no es necesario remover las causas, ni las condiciones sociales que posibilitan y determinan a las mujeres a ser prostituidas. A través de este proceso, se refuerza la normalización de la prostitución como una «opción para las pobres».
Es esta “normalización” la que quiero analizar, pues a través de la normalización es como se construyen los modos de ser y estar en el mundo que se acaban considerando cuasi-inamovibles.
La socialización en la “normalización” de la prostitución
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No es difícil encontrar por la calle vallas publicitarias u octavillas en el parabrisas de los coches con un anuncio de un local de prostitución, eufemísticamente denominado “club de alterne”, donde la imagen estereotipada de una mujer se ofrece como reclamo.
Una imagen que no responde a un modelo habitual de mujer, sino que se presenta con una silueta que responde a lo que supuestamente son los deseos y proyecciones sexuales de los hombres: melena espesa, cintura tan estrecha que se quiebra, caderas amplias, piernas largas, zapatos de tacón de aguja que se distinguen claramente, pechos exuberantes y alzados, que se remarcan, para que no haya duda sobre la edad, joven casi adolescente.
El problema es que estos anuncios, que inundan nuestra mirada han “normalizado” una imagen de la mujer como posible objeto sexual al servicio de los hombres. Y la han normalizado hasta el punto de que se transfiere a otros ámbitos y espacios con absoluta “normalidad” y reaccionando con escándalo cuando se critica y cuestiona.
Esto es lo que ha sucedido en mi Ayuntamiento cuando, con motivo del Carnaval, repitiendo el modelo sexista y trasnochado de concurso de “reina” del carnaval, que sigue poniendo de relevancia la belleza de las mujeres como único atributo valorable, la concejala de educación del equipo de gobierno del Partido Popular, diseña un cartel para dicho concurso que presenta una imagen de mujer de forma claramente sexista y con una pose estereotipada, que se tiende a asociar a la imagen publicitaria de locales de alterne y anuncios de prostitución en los periódicos y medios de comunicación.
Los anuncios de prostitución, las páginas web contribuyen igualmente a la normalización de la sumisión o la dominación.
El papel de los hombres: si no existiera demanda, no habría oferta
En esta socialización en la “normalización” de la prostitución juega un papel fundamental el papel de los hombres. Cuando se habla de prostitución el eje de las discusiones se centra en la situación de las prostitutas, ocultando o minimizando el papel de los prostituidores. Pero debemos empezar proclamar insistentemente un hecho incontrovertible como punto de partida clave de esta situación: “si no existiera demanda, no habría oferta”.
La prostitución no es el “oficio” más antiguo del mundo,es la explotación, la esclavitud y la violencia de género más antigua que los hombres hemos inventado para someter y mantener a las mujeres a su disposición sexual
Es decir, somos los hombres, como clase, los que mantenemos, forzamos y perpetuamos el sometimiento de mujeres, niñas y niños a esta violencia de género, demandando este “comercio” y socializando a las nuevas generaciones en su “uso”.
Partimos de un supuesto básico como clase, sea explícita o solapadamente consentido: se considera que todo hombre, en todas las circunstancias y sea cual sea el precio, debe poder tener relaciones sexuales.
La prostitución se justifica como una realidad social “inevitable” que la mayoría de los hombres acepta como algo natural e inamovible. Los hombres de derechas prefieren que permanezca en la sombra para mantener el juego de la doble moral que sustenta su visión del mundo. Los hombres de izquierdas desean que se legalice, alegando la defensa de los derechos de las trabajadoras y “para liberar al resto de los seres humanos del yugo de la moral retrógrada”. Ambos planteamientos evitan analizar los mecanismos de poder patriarcales inaceptables que lo fundamentan.
Pero sobre todo ambos enfoques siguen centrando los análisis sobre la prostitución en torno a las mujeres que la ejercen, ocultando permanente el rostro y la responsabilidad de los hombres que la practican. El “cliente” o prostituidor, el más guardado y protegido, el más invisibilizado de esta historia, es el protagonista principal y el mayor prostituyente.
La explotación de mujeres, de niños y niñas se hace solo posible gracias al prostituidor, aunque su participación en este asunto aparezca como secundaria.
Los trabajos habituales que se dedican al tema los ignoran y a los prostituidores mismos les cuesta aceptar su condición, representarse como tales. Cómo miraríamos en esta sala a algunos de los varones aquí presentes si supiéramos que son maltratadores. Qué exigiríamos si además han sido denunciados o imputados. Sin embargo aceptamos implícitamente que buena parte de los hombres que aquí estamos podríamos ser prostituidores, clientes y usuarios de esta violencia de género, sin ruborizarnos. Es más, en algún momento surgen comentarios “cómplices”, insinuaciones y alusiones veladas, o no tan veladas, que se convierten en motivo de chascarrillo o gracia y que minimizamos porque lo hemos “normalizado” demasiado.
El rechazo generalizado a afrontar un examen crítico o hacer pesar una responsabilidad sobre los usuarios de la prostitución, que constituyen de lejos el más importante eslabón del sistema prostitucional, no es otra cosa que una defensa tácita de las prácticas y privilegios sexuales masculinos. Por eso es tan importante hacer un análisis de las razones que explican por qué en una sociedad más abierta y libre, como la española tras la etapa de la dictadura franquista, sigue habiendo tantos hombres y jóvenes que acuden a relaciones prostitucionales con mujeres o con otros hombres.

¿Por qué los hombres acuden a la prostitución?103429.78206

La mayoría de los estudios e investigaciones en profundidad sobre el tema llegan a una conclusión similar: “un número creciente de hombres busca a las prostitutas más para dominar que para gozar sexualmente. En las relaciones sociales y personales experimentan una pérdida de poder y de masculinidad tradicional, y no consiguen crear relaciones de reciprocidad y respeto con las mujeres con quienes se relacionan. Son éstos los hombres que buscan la compañía de las prostitutas, porque lo que buscan en realidad es una experiencia de dominio y control total”.
De hecho, no tenemos más que analizar los anuncios de la prensa escrita o de internet, en donde los reclamos se refieren a cuatro aspectos: por un lado la sumisión, por otro lo que denominan “vicio”, el tercero sería la edad y por último el servicio ofrecido. La sumisión, es decir, el haz conmigo lo que quieras, cuando quieras, las veces que quieras, el tiempo que quieras. La alusión al vicio y a sus sinónimos: “viciosa”, “muy viciosa”, morbosa, etcétera. Alusión a la edad: mujercitas, jovencitas, rasurada, aniñada. De ahí que sean los clientes-prostituidores los principales responsables en la cada vez más reducida edad de la “mercadería” que consumen, pues exigen con ansía y demanda creciente el permanente cambio de las mujeres y que sean cada vez más jóvenes quienes satisfagan su “pasión sexual” a precio fijo y por un lapso de tiempo pautado.
Parece como si una parte importante de la humanidad, los hombres que acuden a la prostitución, tuviera un problema serio con su sexualidad, no siendo capaces de establecer una relación de igualdad con las mujeres, el 50% del género humano, que creen que debe de estar a su servicio. Como si cada vez que las mujeres consiguen mayores cotas de igualdad y de derechos, estos hombres no fueran capaces de encajar una relación de equidad y recurrieran, cada vez con mayor frecuencia, a relaciones comerciales por las que pagando se consigue ser el centro de atención exclusiva, regresando a la etapa infantil de egocentrismo intenso, y una relación que no conlleva necesariamente ninguna “carga” de responsabilidad, cuidado, atención o compromiso de respeto y equivalencia.
Una segunda conclusión relevante de los estudios nacionales es que España es uno de los países donde el “consumo” de prostitución está menos desprestigiado. Las encuestas indican que un 39% de los españoles acude de forma habitual a la prostitución, sin que se les reproche socialmente ni se les recrimine legalmente. De hecho, parece que hay un consentimiento social ya no tácito, sino explícito, en mantener estrategias y formas constantes que “alivian” la responsabilidad de aquellos que inician, sostienen y refuerzan esta práctica.
Esta estrategia del consentimiento, tiene que ver con una tercera conclusión que se extrae de estos estudios y es cómo ésta influye en el proceso de socialización de los chicos y jóvenes en el uso de la sexualidad prostitucional. El problema de la socialización que se vive en nuestras sociedades sobre la prostitución sitúa a todo varón homo o heterosexual como un potencial “cliente” una vez que ha dejado de ser niño. Así, no sería demasiado exagerado afirmar que la sola condición de varón ya nos instala dentro de una población con grandes posibilidades de convertirnos en consumidores. Si a esto añadimos la regulación de la prostitución como una profesión estaríamos generando unas expectativas de socialización donde las niñas aprenden que la prostitución podría ser un posible “nicho laboral” para ellas, y los niños aprenden que sus compañeras pueden ser “compradas” para satisfacer sus deseos sexuales.
Por eso cualquier intervención en este problema debería tener en cuenta las representaciones que en el imaginario social legitiman la prostitución, este proceso de socialización educativa. Las leyes de Códigos Penales o los tratados internacionales son necesarios pero nunca serán suficientes para contrarrestar prácticas convalidadas por las costumbres o que se legitiman regulándolas socialmente: derechos de los hombres sobre el cuerpo de las mujeres, derechos de los poderosos sobre el cuerpo de los débiles. Los hombres debemos resolver nuestros problemas de socialización para aprender a vivir sin servidoras sexuales y domésticas.

Tal como vives así educas

Es en este contexto social en el que se produce una permanente socialización de género donde los chicos aprenden un rol esencialmente diferenciado de las chicas. No sólo porque el mundo adulto que le rodea pueda iniciarle o no en el consumo de la prostitución, sino porque ve diariamente, constantemente, en los periódicos y revistas de cualquier kiosko, en las vallas publicitarias de las ciudades y los pueblos, en los anuncios de neón de los “clubes de alterne”, dónde se sitúa a las mujeres y dónde se le sitúa a él.
Qué expectativas puede tener él y qué expectativas puede tener cualquier chica de las que le rodea. Cuáles son las categorías mentales y vitales en las que se enmarca su mundo y cuáles son las que enmarcan el mundo de las chicas que le rodean. El contexto social es un espacio de socialización permanente donde los lugares que ocupamos unos y otras generan un posicionamiento vital y experiencial que marcan profundamente nuestra forma de estar y conducirnos en el mundo.
Socializarse significa impregnarse de los modos, formas y valores de una sociedad. En los últimos 50 años se ha iniciado un proceso de denuncia sobre las diferencias educativas de hombres y mujeres que conllevan a la desigualdad. Hay todo un trabajo académico, de movimientos y asociaciones de mujeres que han desvelado y visibilizado la educación sexista, es decir la educación que sigue estableciendo roles de género en función del sexo, unas relaciones asimétricas y jerarquizadas, siendo superiores y mas valoradas todo lo relacionado con lo atribuido al sexo masculino.
Pero actualmente un sector del movimiento feminista parece poner entre paréntesis el análisis de la prostitución como forma de desigualdad extrema, de violencia de género asumida y consentida. Proponiendo la regulación de la prostitución como una profesión, como mal menor, con la excusa de luchar por los derechos de las mujeres prostituidas.

Educar en la igualdad un mundo donde la prostitución es una profesión

Lo que nos preguntamos, desde un punto de vista educativo, ante esa postura es ¿cómo vamos a educar a nuestros hijos e hijas en igualdad con mujeres tras los escaparates como mercancías o sabiendo que es un posible futuro laboral de nuestras hijas? ¿Es posible educar en igualdad en una sociedad que acepta e instituye la desigualdad?
¿Qué consecuencias tendría en el proceso de socialización de nuestras niñas y niños un contexto social y cultural que asuma la prostitución como un posible “nicho laboral” más, como otro cualquiera, para las mujeres jóvenes? ¿Alguien puede pensar seriamente que supondrá un avance en el proceso de construcción de la igualdad entre hombres y mujeres?
Los valores básicos ante la vida no se adquieren socialmente tanto por las declaraciones formales de cuáles han de ser éstos, como por las prácticas sociales en las que vive inmersa la infancia y adolescencia y que asumen casi por ósmosis de su entorno, marcado profundamente no sólo por su contexto familiar y escolar, sino especialmente por los medios de comunicación, los grupos de iguales y la sociedad que les rodea. Por eso es tan importante la coherencia entre los principios y valores que se postulan en la sociedad y las prácticas que se llevan a cabo, pues son éstas las que, en definitiva, construyen las expectativas, creencias y hábitos de niñas y niños sobre lo que esperan de su futuro, sobre lo que han de tener derecho o no, sobre lo que es valioso y justo y sobre lo que es una sociedad realmente igualitaria.
Los niños que se “socializan” en un contexto donde la prostitución está regulada legalmente como una profesión más, que, por lo tanto, es aprobada socialmente y se promociona y publicita -en una sociedad de consumo es imprescindible hacerlo-, están aprendiendo que las mujeres son o pueden ser “objetos” a su disposición, que su cuerpo y su sexualidad se puede comprar, que no hay límites para su uso, que incluso pueden ejercer la violencia o la fuerza sobre ellas porque va a haber determinados espacios donde tengan todos los derechos si tienen dinero para pagarlos.
Por eso es radicalmente contradictorio hablar y defender la igualdad entre hombres y mujeres en el proceso educativo de los niños y niñas y simultáneamente apoyar relaciones y espacios de poder exclusivos para hombres, donde la mujer sólo parece tener cabida cuando está al servicio de éste. Una sociedad, cuyas prácticas regulan una concepción de la sexualidad marcada por estos principios, educa a los niños en la expectativa de que no tienen por qué renunciar a ninguno de sus deseos sexuales y a no tener en cuenta a la otra persona, puesto que si tienen dinero para pagarlo todo es posible.
Llevamos muy poco tiempo construyendo procesos de igualdad, intentando hacer visible los aportes de las mujeres en la construcción de la sociedad, removiendo la invisibilidad que ha recaído sobre las mujeres que han contribuido y aportado a la sociedad arte, creatividad, participación política, ya que sabemos que es necesario tener modelos de referencia. Si la prostitución se convierte en una profesión para las mujeres, nos preguntamos cuáles serán los nuevos modelos de referencia para las mujeres que conllevarán esta propuesta donde el valor de la mujer está en su biología, en su cuerpo, en su imagen y belleza a disposición de los hombres. Una imagen y belleza que sólo tienen algunas mujeres y durante un determinado tiempo muy limitado.
Es más, nos preguntamos cómo va a repercutir en el imaginario de los hombres, en sus conductas, actitudes y creencias, y ¿en la vida de las mujeres? Pensemos en la repercusión que tendrá en las actitudes, creencias y expectativas de los niños y jóvenes que viven en un pueblo donde ya no hay escuela pero sí un denominado eufemísticamente “club de alterne”. Podemos imaginarnos su forma de hablar entre ellos de las mujeres. Y podemos ponernos en la piel de las mujeres. ¿Qué tipo de publicidad se va a difundir, que tipo de mensajes visuales u orales se van a publicitar, para enseñar a las nuevas generaciones de hombres a consumir ese producto, mujeres, que es necesario vender? ¿Cómo va a afectar a la subjetividad de niños y niñas, de adolescentes este tipo de sociedad?
En una sociedad que regule la prostitución estamos socializando a niños y niñas en valores claramente diferenciados: A los niños, en que ellos como hombres, van a poder comprar, pagar por usar, el cuerpo, la atención, el tiempo… de las mujeres. Y a las niñas, en que ellas como mujeres, pueden estar al servicio de los hombres. Quizás no ellas personalmente o directamente, pero sí las mujeres, muchas mujeres. Si se regula la prostitución, educar en la igualdad va a ser imposible.

Centrar las medidas en la erradicación de la demandastop

Estamos inmersos no solo en una lucha económica, sino también en una lucha ideológica, de valores y en una lucha por construir otra subjetividad y otra conciencia social. El modelo de sociedad que presentamos a los jóvenes, encubierto bajo un manto de silencio cómplice, contradice profundamente los mensajes que pronunciamos sobre la educación para la igualdad. Nuestro silencio nos hace cómplices de esta nueva forma de esclavitud y violencia de género. Si queremos construir realmente una sociedad en igualdad hemos de centrar las medidas en la erradicación de la demanda, a través de la denuncia, persecución y penalización del prostituidor (cliente) y del proxeneta: Suecia penaliza a los hombres que compran a mujeres o niños con fines de comercio sexual, con penas de cárcel de hasta 6 meses o multa, porque tipifica este delito como «violencia remunerada». En ningún caso se dirige contra las mujeres prostituidas, ni pretende su penalización o sanción porque la prostitución es considerada como un aspecto de la violencia masculina contra mujeres, niñas y niños.
Regular la prostitución legitima implícitamente las relaciones patriarcales: equivale a aceptar un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, establecer y organizar un sistema de subordinación y dominación de las mujeres, anulando la labor de varios decenios para mejorar la lucha por la igualdad entre los hombres y las mujeres. Al legitimarla se convierte en un soporte del control patriarcal y de sujeción sexual de las mujeres, con un efecto negativo no solamente sobre las mujeres y las niñas que están en la prostitución, sino sobre el conjunto de las mujeres como grupo, ya que la prostitución confirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres, cuya función sería la de estar al servicio sexual de los hombres.
Regular la prostitución legitima implícitamente las relaciones patriarcales: equivale a aceptar un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, establecer y organizar un sistema de subordinación y dominación de las mujeres
Como dice Gemma Lienas, que publica en el último monográfico de Nuestra Bandera sobre prostitución, cambiar el destino de estas mujeres en situación de prostitución no pasa por ponerles multas como ha anunciado que hará el ministro del Interior para evitar el “lamentable espectáculo” a las mentes bienpensantes.
Cambiar el destino de estas mujeres pasa por plantear un sistema económico justo y sostenible que incorpore en igualdad a ambos sexos.
Cambiar el destino de estas mujeres pasa por perseguir a las mafias y no favorecer su instalación en nuestro país con leyes permisivas y con modelos económicos basados en el ladrillo o en Eurovegas.
Cambiar el destino de estas mujeres pasa por transformar la mentalidad de esos varones, no sólo con multas que les quiten las ganas sino con una educación que obligue a los medios a cambiar la imagen de la mujer como objeto sexual y a los hombres a corresponsabilizarse emocional y vitalmente.
Cambiar el destino de estas mujeres pasa porque los derechos de las mujeres dejen de ser derechos de segunda y pasen a formar parte de verdad de los derechos humanos.
Vuelvo al inicio. Se dice que la prostitución siempre ha existido, dicen. También las guerras, la tortura, la esclavitud infantil, la muerte de miles de personas por hambre. Pero esto no es prueba de legitimidad ni validez. Tenemos el deber de imaginar un mundo sin prostitución, lo mismo que hemos aprendido a imaginar un mundo sin esclavitud, sin apartheid, sin violencia de género, sin infanticidio ni mutilación de órganos genitales femeninos. Sólo así podremos mantener una coherencia entre nuestros discursos de igualdad en la escuela y en la sociedad y las prácticas reales que mantenemos y fomentamos.
Como decía Martin Luther King: «Tendremos que arrepentirnos en esta generación no tanto de las malas acciones de la gente perversa, sino del pasmoso silencio de la gente buena». Educar para la igualdad exige romper nuestro silencio cómplice y comprometernos activamente en la erradicación de toda violencia de género. No podemos renunciar a nuestra utopía de trasformar la sociedad y educar en igualdad a hombres y mujeres.

Enrique Javier Díez Gutiérrez. Profesor de la Universidad de León y Coordinador del Área Federal de Educación de IU

viernes, 1 de noviembre de 2013

'Herstory': el periodismo en femenino toma Internet

¿Existe un cambio en el planteamiento de contenidos hechos por y para mujeres? Blogs y nuevas webs apuestan por reivindicar a las féminas en todas sus vertientes.

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Seguro que la ficticia Mary Richards de la serie 'Mary Taylor Moore show' sonreiría satisfecha ante el alud de propuestas virtuales de periodismo femenino de calidad.
Foto: Cordon Press
En los años 60 se creó el neologismo herstory, un término que reinterpretaba el significado de la palabra historia -cuya etimología griega nada tiene que ver con el pronombre 'his'-, como his-story (historia de él) y que quería nombrar a una nueva historia escrita desde una perspectiva feminista, ya sea por la perspectiva en sí, por el hecho de enfatizar en el papel de las mujeres o por estar escrita por una mujer. Es innegable que la palabra feminismo está muy presente en los últimos tiempos, más que hace unos años. Por una parte hay quienes se la quieren quitar de encima dotándola de un significado erróneo, y por el otro existe una reivindicación, un activismo manifestado en la red mediante distintas publicaciones que incorporan una nueva visión que hace justicia a una narración histórica que no puede presumir de equilibrada. Desde medios más amateurs hasta revistas con una estructura amplia de colaboradores, la red está repleta de propuestas que ofrecen otra perspectiva, ya sea con la intención de complementar el contenido que dan otros medios, funcionar como herramienta de denuncia o simplemente rellenar el vacío histórico existente.

I love her story puede presumir de un recorrido impecable. Se trata del proyecto personal de Gemma Moliner, que empezó con la intención de seleccionar fragmentos de la vida de interesantes mujeres. En cuanto a las publicaciones especializadas, Moliner lo tiene muy claro, con base teórica y base práctica. “Hay nicho. Las mujeres nunca nos hemos sentido hermanadas por nada, o como mínimo no de la misma manera gregaria que los hombres. Simone de Beauvoir atribuía este comportamiento al miedo a la “otra” y creía que las mujeres entre ellas era extremadamente competitivas, un hecho que contrasta con que nada le gusta más a una mujer que saber de otras mujeres. Espejarse en las otras es un deporte internacional. Por estos dos motivos es interesante plantear una publicación sobre mujeres. Para mí es una necesidad de colectivo”. En su web la magia reside en la personal mirada de Moliner para seleccionar los contenidos, todo exquisitez.
Jane Fonda
'I love her story' publicó en su web esta maravillosa serie de Jane Fonda haciendo yoga junto a su gato siames, Manhattan, New York, 1962.
Foto: Genevieve Naylor
Uno de los casos que más ha dado que hablar recientemente ha sido el del blog Señoras que hablan de música, en sus propias palabras tiene la misión de denunciar el “sexismo cotidiano en la cultura pop”. Señoras que hablan de música surgió como respuesta al debate que se generó con la publicación del artículo machismo gafapasta. Desde entonces, no han dejado de difundir casos en los que el machismo es evidente en la cultura popular. Entre ellos el misterioso caso de la coleccionista, con referencias a los comentarios que se generaron cuando Frida Giannini, directora creativa de Gucci, salió en una foto enseñando su colección de más de 7.000 vinilos. Desde Señoras que hablan de música consideran que lo importante no es “que existan más publicaciones que se especialicen en mujeres, pero sí que se tengan en cuenta criterios feministas al escribir”. Igual de musical es Búscate un novio, una web en la que se descubren propuestas artísticas protagonizadas por mujeres, centradas sobre todo en estilos como el punk y el pop rock. Además del blog con playlists tienen un Tumblr en el que van actualizando con noticias sobre grupos de chicas. Un lugar idóneo para descubrir música.
Frida

Foto: Imagen vía Señoras que hablan de música.
señorasque
Foto de Grass Widow y poster de Sleater Kinney, publicado en el Tumblr Búscate un novio
“La primera vez que compré una conocida revista femenina salía un artículo en el que te decían qué ponerte si tu jefe te invitaba a su barco. Nos pareció que faltaba un eslabón entre las publicaciones feministas más centradas en asuntos de género y la prensa femenina mainstream”. Ese es el hueco de Norma Jean, que completan con textos de los más variados, desde poner en entredicho el concepto de It Girl, hasta retrospectivas de personajes como Amanda Palmer. Desde Norma Jean ademásperciben un incremento de perspectiva de género incluso en la prensa femenina “de siempre”.

Aunque Norma Jean han optado por no usar en su definición el término feminista, sí tienen a Píkara Magazine entre sus referentes, una publicación declaradamente feminista, que partió de la necesidad de un medio de comunicación en el que“confluyera la perspectiva feminista y el buen periodismo”. Un activismo expresado en artículos en los que se denuncian las desigualdades en derechos de las mujeres en todo el mundo, así como en reflexiones sobre las distintas identidades sexuales.
Sin duda los contenidos han evolucionado, hay más variedad y probablemente mucha demanda y mucho nicho. “Antes los contenidos especializados solían ser académicos pero de cada vez más hay más información revivalista sobre mujeres que en algún sentido han sido destacables y que por distintas razones –la mayoría de las veces, no tanto por la voluntad de silenciar sino por desconocimiento– no han tenido la cobertura mediática que se merecen”, concluye Moliner. Y que sigan.

lunes, 17 de junio de 2013

Una marea violeta, de Antonia Martos Jiménez y Cándida Barroso Chuliá

viernes 14 de junio de 2013

Una marea violeta contra los recortes en políticas de igualdad y la ofensiva contra el derecho a decidir de las mujeres recorre las calles de pueblos y ciudades de nuestro país.
Madrid, 16 de septiembre de 2012, Marea Violeta.
Madrid, 16 de septiembre de 2012, Marea Violeta.
Publicado en la revista Trabajadora, n. 46 (mayo de 2013).

LA MAREA VIOLETA surge -en la provincia de Málaga y expande su ola de protestas a toda Andalucía y al Estado español- por los recortes económicos y sociales que están padeciendo todas las políticas de igualdad y contra la decisión del Gobierno del PP de derogar la actual ley de plazos, la Ley 2/2010 para la Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo.

La marea violeta es un movimiento que nace en un espacio local –Málaga- en un momento en el que parece que todo se decide a nivel global. Es de resaltar que este movimiento local va teniendo una gran repercusión no sólo a nivel nacional sino internacional. Su objetivo principal es protestar y frenar la fuerte ofensiva del patriarcado.

Ante los recortes de las políticas de igualdad de oportunidades y de la lucha contra la violencia de género junto con este retroceso histórico en los derechos reproductivos de las mujeres, las secretarías de la Mujer de CCOO de Andalucía, en su doble militancia de sindicalistas y feministas, o de feministas y sindicalistas, han demostrado su implicación y su compromiso en la constitución del movimiento marea violeta, en el impulso de un manifiesto que agrupa a numerosas asociaciones de mujeres y feministas y otros colectivos sociales y en la participación activa en las manifestaciones de protesta que se celebraron los pasados 10 de febrero, contra el recorte en las políticas de igualdad, de la ley de dependencia y la ley de derechos reproductivos y sexuales y los días 21 de junio y 28 de septiembre, éste último día internacional contra la despenalización del aborto, para protestar contra los planes de reforma de la ley de interrupción voluntaria del embarazo.

¿Cómo se origina la marea violeta?

- En el mes de diciembre de 2011, ante el anuncio de riesgo de cierre de las casas de acogida para víctimas de la violencia de género en Castilla-La Mancha, de los centros de información a las mujeres, del cierre de las asesorías jurídicas que se realizan en los centros de información a la mujer, etc. un grupo de asociaciones feministas y otras organizaciones de Málaga -que trabajan por la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres- se reunieron y acordaron iniciar una estrategia de acción frente a los recortes y retrocesos que se avecinaban en materia de igualdad entre mujeres y hombres.

La implicación de las secretarías de la Mujer de CCOO en el movimiento marea violeta demuestra que, una vez más, éstas constituyen un punto de conexión entre el sindicato y la sociedad civil, algo esencial para que el sindicato se impregne de las demandas de la ciudadanía. Por ello, las secretarías de la Mujer de CCOO se suman a las movilizaciones y reivindicaciones del movimiento marea violeta desde su inicio.

La pretensión del Gobierno supone no sólo un grave recorte a la libertad y a la autonomía de las mujeres en relación a su sexualidad y a su derecho a decidir sobre su maternidad. Si sigue adelante esta reforma de la ley del aborto, las mujeres que tengan menos recursos se verán abocadas a abortar en la clandestinidad, con las graves repercusiones que esto implica para la salud y la mortalidad de las mujeres.

Como viene denunciado CCOO, estos recortes además de la destrucción y grave deterioro de servicios públicos como en sanidad, educación, atención a personas dependientes, carencia de escuelas infantiles, comedores, becas y un largo etc., junto con los efectos nocivos de la reforma laboral sobre el empleo femenino, están abocando a que las mujeres abandonen el mercado laboral y vuelvan a ser relegadas al trabajo doméstico y a las tareas de cuidados de familiares y personas dependientes.

El objetivo, como el de otras muchas asociaciones, es el avance de las mujeres en la sociedad y para ello se necesita una apuesta por las políticas públicas de igualdad entre mujeres y hombres. La ley de igualdad efectiva entre mujeres y hombres, supuso un paso importante en la consecución de dicha igualdad, por primera vez, se reconoció en un texto legal el permiso de paternidad independiente del de maternidad, aunque la propuesta de Comisiones Obreras es que dicho permiso debe tener la misma duración que el de la madre, porque es una forma de que los padres se impliquen con la crianza apostando por la corresponsabilidad justo desde el momento del nacimiento, además de partir con los mismos derechos de cuidados para la vida laboral.

Los planes de la marea violeta son seguir movilizándose contra los ataques que viene sufriendo el conjunto de la población y las mujeres especialmente, denunciando desde la perspectiva del género, los recortes que se están produciendo y los anunciados para el futuro, así como no retroceder en los avances conseguidos. Se trata de plantar cara a la ofensiva del patriarcado y del liberalismo económico. Habrá que continuar trabajando, junto a otros colectivos y grupos, en la marea violeta, participando en la cumbre social y en todas las movilizaciones que se están organizando, porque hay que salir a la calle para manifestar el rechazo ante todos los atentados en derechos y libertades que se vienen sufriendo por parte del Gobierno y, si fuera necesario, convertir la marea violeta en un tsunami.

Alarma: desaparece el Ministerio de Igualdad
 
Que el último Gobierno socialista sucumbiera a las presiones más carcas de la derecha y eliminara el Ministerio de Igualdad ha supuesto un retroceso en organismos de igualdad en las comunidades autónomas, manteniendo departamentos adscritos a Bienestar Social como es el caso del País Valencià o a Sanidad como el Gobierno central. El País Valencià ya carecía de organismo de igualdad como entidad propia desde hace una década, pero la última denominación que se le dio a la Dirección General de la Mujer añadiendo la palabra “Familia” deja clarísimo la carga ideológica de lo que suponen estas políticas públicas, para el Partido Popular la familia es responsabilidad, en exclusiva, de las mujeres.

Otra inquietud compartida entre el movimiento feminista y las sindicalistas ha sido el llamado programa oculto del PP que, una vez ganadas las elecciones, comenzó a desvelar sus verdaderas pretensiones. En estos últimos meses, viernes tras viernes, el Gobierno ha ido empobreciendo económica, social y democráticamente a la ciudadanía.

La segregación en las escuelas, los recortes de la ley para la autonomía personal y ayuda a la dependencia, la desregulación de los derechos laborales con la reforma laboral y, por lo tanto, la falta de protección a la conciliación y la maternidad, los recortes en sanidad y educación, la masiva destrucción de empleos y debilitamiento de los sistemas de protección, la amenaza de reformar la ley del aborto y un largo etc, no repercuten de igual manera en hombres que en mujeres, es sabido que perjudican más a quienes están en peores condiciones y, en este caso, se trata de las mujeres.

Si a todo esto se suma el surgimiento de los grupos llamados neomachistas, que están instalados en la estrategia del discurso igualitarista -exigiendo la custodia compartida impuesta, la derogación de las leyes de atención integral a las victimas de violencia de género y de la ley orgánica para la igualdad entre mujeres y hombres, así como la difusión del no científico y mal llamado síndrome de alienación parental (SAP o síndrome de la madre maliciosa-, pretendiendo confundir a la sociedad poco instruida en detectar desigualdades y conformando un ataque del patriarcado ultraconservador y capitalista que hace imprescindible la existencia de las mareas violetas.

CCOO ha participado, con más de 500 organizaciones feministas, secundando y convocando a las mareas violetas en todo el territorio español, saliendo a la calle en más de 50 ciudades en varias ocasiones y así volverá cada 25 de Noviembre, 8 de Marzo, 1º de Mayo y cuantas veces sea necesario, para denunciar la violencia sexista y tratar de frenar esta ofensiva patriarcal.

Antonia Martos (mujer@and.ccoo.es) y Cándida Barroso (cbarroso@pv.ccoo.es) son secretarias de la Mujer de CCOO de Andalucía y del País Valencià, respectivamente.
Una marea violeta contra los recortes en políticas de igualdad y la ofensiva contra el derecho a decidir de las mujeres recorre las calles de pueblos y ciudades de nuestro país.

Antonia Martos Jiménez y Cándida Barroso Chuliá